Carlos
Sorín ha vuelto a sorprendernos, sin duda , su cine es muy especial,
distinto, incluso en las cinematografías del mundo. Los que lo conocen saben
que “La película del rey”, “Historias mínimas” y “El perro”, son películas especiales, cálidas , entrañables y que si no las hemos
visto, deberíamos hacerlo , para comprender a un hombre que narra como ningún
otro director argentino lo ha hecho.
Por esta vez deja su querida Patagonia , para
contar una historia que comienza en Misiones y termina en el Gran Buenos Aires.
Su línea argumental es muy simple, como en sus anteriores trabajos, pero Sorín
sabe entrelazar el tema principal con numerosas narraciones y personajes
cotidianos para convertir el resultado final en algo absolutamente convincente
y querible.
La vida del Tati Benítez, un hachero muy
humilde que vive con su familia (mujer e hijos) en Misiones y que es un
admirador incondicional de Diego Maradona se ve transformada por la aparición de una raíz de timbó que le
permite tallar la cara de su ídolo, con la repercusión esperable y el
comentario desigual de sus amigos y vecinos. La instancia gira notablemente
cuando Maradona es internado en el 2004 por su afección cardiaca y el Tati
decide viajar a Buenos Aires para regalarle su escultura.
A partir de allí , comienza el más puro Sorín,
el paisaje esta vez Misiones con su luz distinta, los verdes de la selva y rojo
de la tierra , la fauna presentada de una manera no documental, sino como
condimento sabroso de la narración, y sobretodo
la gente, esa gente que Sorín encuentra para sus películas, (trabaja casi
siempre con actores no profesionales), y que terminan convirtiéndose en un
espejo del país, de lo más rico en todas sus expresiones, solidaridad,
ingenuidad, tiempo compartido, escucha y mirada entre los interlocutores, que
es aquello de lo cual no se puede contar y está en su cine para verlo y
deleitarse.
Todos no quedaríamos viendo sus películas
horas , sin desear que éstas terminen, porqué nos muestran un mundo pobre , injusto,
pero cargado de esperanza a través de pequeños gestos de sus protagonistas,
todos se mezclan, quizás aparezcan por muy poco espacio, pero están
interrelacionándose, aportando y vislumbrando otra forma de ver la vida, donde
importa la persona, las dificultades, las ganas de dar, aunque sea muy poco o
simplemente estar , cuando se me necesita, para escuchar y hablar con otros
tiempos, sin quejas y contribuyendo
con lo positivo de simplemente estar y
vivir
Quizás desde Buenos Aires intelectualicemos a
los ídolos, restándoles importancia o
subestimando a aquellos que los tienen por tales , pero para la gente sencilla
adquieren una importancia pocas veces comprendida, significan aquello que
querrían ser y no pueden o simplemente los representan, como si ellos mismos,
todos , fueran el personaje admirado.
Felicitaciones para Carlos Sorín por otra de
sus películas , que como siempre hemos dicho nos reconcilian con nuestra
Argentina, con su geografía, su gente, sueños y frustraciones.
Para jóvenes y adultos. Con innumerables temas
para debatir.
Guillermo Russo
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